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Blood River

Un cowboy en mitad del desierto

Blood River

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Reeditamos la reseña de “Blood River”, publicada originalmente el 5 de agosto de 2010.

Un joven matrimonio recorre Estados Unidos en coche para visitar a los padres de ella y darles la noticia de su reciente embarazo. En mitad de la nada una de las ruedas del coche revienta y no disponen de recambio (él está convencido de que puso la rueda de recambio en el maletero). Las posibilidades de que pase algún otro automóvil por aquella carretera secundaria que recorre el desierto son muy escasas. Su única posibilidad de supervivencia pasa por llegar al pueblo más cercano: *Blood River, donde contarán con la ayuda de un misterioso hombre ataviado con sombrero de cowboy.

Lo tenemos todo.
El escenario: una amenazadora carretera secundaria sometida al abrasador castigo del desierto y un pueblo fantasma que esconde algunos secretos.

Los supervivientes: una pareja que proviene de la ciudad y que, tan sólo verlos en pantalla, sabemos perfectamente lo mucho que llegarán a sufrir abandonados en mitad del desierto.

El malo: tenemos incluso a un tipo vestido de cowboy con todos los números para ser un psicópata asesino.

Son algunos de los ingredientes básicos de todo buen survival. Resulta sencillo imaginar lo que viene a continuación: la pareja en cuestión deberá hacer frente y sobrevivir a un territorio hostil y mantener a raya a un asesino despiadado que no hace otra cosa que complicar aún más las cosas. Esta línea argumental permitiría a Mason cubrir el expediente y añadir a su corta pero intensa filmografía, un survival de calidad.

Pues bien, nada de esto es Blood River. Olvidaos del típico survival. Adam Mason, realizador británico independiente que firmó en su día la sensacional Broken, disfraza de survival caluroso y polvoriento (con aires de western), una película que sobrepasa, en todo momento, los límites del subgénero.

Blood River No es un survival al uso. Que nadie espere una revisitación de Las Colinas tienen Ojos (aunque el escenario se parezca bastante). Blood River se acerca más al thriller psicológico con ciertos elementos sobrenaturales. No cuenta, estrictamente, una historia de supervivencia. La de Blood River es una brutal historia de culpabilidad, redención y castigo; en la que la complejidad y recovecos morales de cada uno de los tres personajes principales tiene muchísimo que decir. El enemigo a batir no será el desierto, ni la sed, ni el hambre… ni nada que se le parezca. Ni siquiera debemos buscar el enemigo en la figura del tipo con sombrero de cowboy. El verdadero enemigo está en la propia culpa y en las consecuencias de los actos pasados de cada uno de los protagonistas.

¿Problemas? Blood River no es una película fácil. Me temo que ninguna de las obras de Mason lo sea. El director británico suele rozar un género en concreto (en este caso el survival) para rápidamente desligarse del mismo, de sus mecanismos más básicos, y acabar ofreciéndonos algo totalmente distinto a lo esperado. Y esto, que para mí no es más que un enorme punto a favor de Mason, creo que puede reportarle problemas con muchos aficionados, que pueden incluso llegar a sentirse engañados.

Es lógico que las expectativas ante un título cómo Blood River, incluso después de ver sus primeros 15 minutos de metraje, sean las de una película con altas dosis de acción y generosa en instantes de violencia salpicada de sangre, sudor y lágrimas. Pues bien, os aseguro que Blood River es intensa, muy intensa; pero dicha intensidad proviene, al igual que ya ocurriera en Broken, de la tremenda lucha psicológica y la concatenación de dilemas morales en las que se ven envueltos los tres protagonistas. También hay momentos para la violencia más física (en la que Mason vuelve a demostrar que se desenvuelve a las mil maravillas), pero son momentos muy puntuales y poco decisivos en la trama de Blood River.

La palabra tiene el poder en Blood River. Se impone, por encima de efectismos baratos y mil veces vistos en el género, la fabulosa descripción de unos personajes que mutan, que cambian, que van asumiendo algunos de sus pecados, algunas de sus culpas, y que son incapaces de aceptar otros. Y todo ello en un proceso de redención doloroso y vibrante capaz de engullir al espectador, de atraparlo y no soltarlo hasta el final. Un final que sorprende tan sólo a medias, que deja preguntas sin responder (algo que, personalmente, me encanta), y que por una vez, y sin que sirva de precedente, está a la altura de lo visto hasta el momento.

Si a todo ello le sumamos la excelente labor de todos los actores implicados y el hecho de que Blood River parezca cualquier cosa menos una producción de bajo presupuesto, la conclusión final es que Adam Mason ha vuelto a dar en el clavo. Personalmente creo que Blood River confirma al director británico (y a su colaborador habitual en materia de guión, Simon Boyes) como una de las voces más personales e interesantes del actual panorama cinematográfico. Su próximo film: Luster (y todavía queda pendiente Pig).

Lo mejor: Un thriller inteligente, intenso y capaz de atraparte de principio a fin.

Lo peor: Quizás no sea lo que muchos pueden esperar de ella y también puede ser catalogada de excesivamente densa.


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